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El “Sí” y las víctimas merecían una oportunidad

En ningún momento me pareció derrota o ridículo que haya ganado el “No”, quizá si critiqué la propaganda desinformativa que lo promovía, pero en esencia, el decir “No” tenía sus “argumentos” con los cuales yo pensaba que se iba a transformar de fondo los acuerdos.

Sin embargo me sorprende, que los principales promotores para el mejoramiento de los acuerdos no tengan ideas claras de fondo para su cambio. Me parece que tienen una postura muy blanda y que su discurso de una justicia ejemplar, sin impunidad y más severa, se ha quedado en el limbo.

A mi parecer, los contradictores están fastidiando sin fundamento el proceso y actúan con fines de buscar protagonismo. Para mi es increíble pensar que después de todo lo que ha vivido Colombia, el Ego, el Orgullo y la Soberbia se encuentren por encima de la vida humana.

He notado en redes sociales que los seguidores de Uribe no esperaban esta reacción de su líder y este es un claro ejemplo del poco criterio que tenemos a la hora de elegir a alguien o asumir una postura.

Me atrevo a decir que aquellos que dijeron “No” lo hicieron porque apoyan a Uribe y no por su propio criterio, la Paz no es de Santos o de Uribe, así ellos en su guerra de Egos lo quieran así. Colombia cada cuatro años se equivoca por lo mismo y no hemos aprendido la lección. El hecho de no apoyar una idea de alguien que seguimos, no significa que le estemos dejando de ser leales. Me parece irresponsable que decisiones tan importantes las estemos basando en nuestros sentimientos.

Y lo ha dicho Héctor Abad Faciolince: “Si Uribe estuviera en el gobierno, hubiera firmado los mismos acuerdos”. Y estoy absolutamente seguro que eso mismo hubiera ocurrido.

No soy Santista, ni mucho menos Uribista pero mi voto al “Si” era por las víctimas; por aquellos que en su mayoría incluso, estuvieron dispuestos a tragar entero y pasar la página. A ellos mi admiración y apoyo, y desde mi cotidianidad seguiré buscando la paz y tranquilidad que merecen. Porque nadie ha vivido la guerra como ellos.

Recuerden promotores del “No”: Este es un contexto de guerra, como las fuerzas armadas de Colombia nunca pudieron con la guerrilla, tocó negociar; duelale a quien le duela, la guerrilla tiene el poder de poner condiciones sobre la mesa.

¿Culpables? El abstencionismo. Con un 62 % de abstención, me atrevo a decir que los colombianos somos los más egoístas que el mundo haya conocido jamás. Quizá a esas personas no les haya afectado el conflicto o simplemente no tengan fé en un País mejor. Una verdadera pena.

¿Por qué voté al “Si”?

Cuando familiares y amigos me preguntaban cual era mi argumento para apoyar el “Sí”, decía básicamente dos cosas:

La primera: era sobre la guerra. Colombia y sus fuerzas armadas durante más de cincuenta años nunca pudieron derrotar a la guerrilla; no sé si por conveniencia porque la guerra en sí es un negocio muy lucrativo o porque técnicamente el gobierno nunca pudo. Y la segunda: Porque me llamaba mucho la atención el hecho que muchas personas víctimas del conflicto estaban dispuestas al perdón y la reconciliación pese al alto grado de impunidad de los acuerdos.

Insisto, no soy “Santista” por lo que voy a afirmar, pero este proceso de Paz me ha parecido ordenado y transparente, con sus falencias eso si, pero ha sido el mejor que ocurrido en el país.

Por ejemplo, cuando el Gobierno de Uribe negoció con los “Paras” nunca me preguntaron si quería o no lo pactado, a esos desmovilizados si se les pagó mensualmente por no hacer nada y gran parte de ellos se capitalizaron para seguir delinquiendo. Estos pasaron de, perseguir guerrilleros, a intimidar, secuestrar, extorsionar y masacrar personas en las ciudades. Y sin mencionar su ley de Justicia y Paz.

En mi parecer, la guerra con las AUC nunca terminó, solo cambió de nombre. Y en realidad no quiero hablar más de eso. Pero como lo hizo Uribe, asumimos que está bien hecho...

En fin, allá ellos con su mesías. Pero lo que me llamó realmente la atención de este proceso fue la postura de la mayoría de las víctimas y pensé: “¿Si una víctima es capaz de dar su voto por el Sí, yo por qué no voy a ser capaz de hacerlo yo?”

Quizá como muchos de ustedes, soy afortunado de no ser uno de los más de ocho millones de víctimas que ha dejado este conflicto; soy de aquellos que mi acercamiento con la guerra se argumentó detrás de la pantalla de un televisor y como máximo sobre mi escritorio cuando trabajaba en la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas.

Y desde mi punto de vista, las víctimas merecían nuestro respeto y apoyo.

En vez de haber seguido a Santos o a Uribe, nuestro apoyo debió de ser enfocado hacia las víctimas, porque quizá Santos y Uribe influyan sobre la guerra, pero las víctimas la sufrieron en carne propia.

Lamento mucho que el “Sí” no haya tenido su oportunidad, porque llevamos más de cincuenta años inclinados dándole la oportunidad a el “No”.

El “Sí” y las víctimas merecían una oportunidad
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